Cómo orar por un enfermo: guía bíblica para pedir sanidad por un ser querido
- Ariel Montero
- 17 ago
- 3 min de lectura
Recibiste la llamada, o viste el resultado del examen, o simplemente notaste que algo no anda bien en alguien que amas. Y ahora no sabes qué hacer con esa mezcla de miedo, impotencia y ganas de que todo se resuelva ya. Orar parece lo correcto, pero tal vez no sabes ni por dónde empezar, o te da miedo pedir algo "mal" y que no se cumpla.
Para orar por un enfermo no necesitas palabras complicadas. Preséntalo por nombre delante de Dios, pide claramente por su sanidad, ora por los médicos y la familia, y confía el resultado a la voluntad de Dios. A continuación, cada paso con su fundamento bíblico.
¿Qué dice la Biblia sobre orar por los enfermos? — Santiago 5:14-15
Santiago enseña que cuando alguien está enfermo, la iglesia no debe permanecer indiferente: "¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará."
El enfermo puede llamar a los ancianos, quienes oran por él y lo ungen con aceite en el nombre del Señor. La esperanza no descansa en el aceite ni en una fórmula, sino en el Señor que puede levantar al enfermo. Santiago muestra que la oración por los enfermos también tiene una dimensión comunitaria: el creyente enfermo no tiene que atravesar este proceso solo.
¿Cómo empezar a orar cuando no sabes qué decir?
No hace falta un lenguaje elaborado. Una oración honesta puede seguir esta estructura sencilla:
Reconoce a Dios como quien tiene el control, aunque tú no lo tengas: "Señor, tú conoces exactamente lo que está pasando en el cuerpo de [nombre]..."
Nombra la necesidad con claridad, sin adornos: "...pedimos por sanidad, por los médicos que lo atienden, por sabiduría para cada decisión."
Pide fortaleza para quien acompaña, no solo para quien está enfermo: muchas veces quien ora es quien también necesita sostén en ese momento.
Cierra confiando el resultado a Dios, no exigiéndolo: la diferencia entre fe y control es que la fe puede decir "hágase tu voluntad" sin dejar de pedir con todo el corazón.
Jesús mismo nos muestra en Getsemaní cómo una petición sincera puede convivir con la plena confianza en la voluntad del Padre: "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú" (Mateo 26:39). Pedir sanidad con fe no está en conflicto con decir "hágase tu voluntad" — la oración bíblica puede decir "Señor, sánalo" y, al mismo tiempo, "Señor, confiamos en tu voluntad".
¿Qué pasa si oro y la persona no se sana?
Esta es la pregunta más honesta y más difícil, y merece una respuesta igual de honesta: la Biblia no enseña que la sanidad esté garantizada cada vez que se ora con suficiente fe. Eso sería convertir a Dios en una fórmula, no en un Padre.
Pablo pidió tres veces que Dios quitara su "aguijón en la carne" (2 Corintios 12:7-9). El texto no identifica con certeza qué era ese aguijón, pero sí demuestra un principio importante: Dios no siempre elimina el sufrimiento que le pedimos que quite. A veces su respuesta es sostenernos con su gracia en medio de aquello que todavía no ha cambiado: "Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad."
Orar por sanidad es un acto de fe genuino. Pero la fe verdadera también sostiene a la persona cuando la respuesta no es la que esperábamos, sin sentir que "falló" en creer lo suficiente. La iglesia debe orar por sanidad con verdadera fe porque Dios puede sanar; pero nuestra confianza está puesta en Dios, no en nuestra capacidad de producir un resultado mediante una fórmula.
Una aclaración importante
La oración no sustituye la atención médica. Podemos pedir a Dios sanidad mientras buscamos responsablemente la ayuda de médicos y profesionales de la salud.
Una oración que puedes hacer ahora
Señor, hoy traemos delante de ti a [nombre de la persona]. Tú conoces cada detalle de lo que está viviendo, aun lo que los médicos todavía no entienden. Te pedimos que extiendas tu mano y traigas sanidad y restauración. Confiamos en tu poder y, al mismo tiempo, sometemos nuestra petición a tu voluntad. Te pedimos también sabiduría para quienes lo atienden, y fortaleza para quienes lo acompañamos. En el nombre de Jesús, amén.
¿Quieres que oremos contigo?
No tienes que cargar esta preocupación en soledad. Nuestro equipo de intercesión puede acompañarte en oración por tu ser querido.
— Apóstol Ariel Montero


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